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El sacrificio

Dos formas se enfrentan en un espacio saturado, como si la materia aprendiera a pensar bajo presión. Las superficies arden, se descomponen, se recompone, y cada gesto parece extraído de un conflicto más antiguo que la imagen misma. Entre ellas, la tensión se convierte en lenguaje, y el lenguaje se convierte en forma.
La mirada no describe, sino que corta.
Abre volúmenes, retuerce estructuras, obliga a la materia a hacerse consciente de su propia violencia. Cada contorno lleva la memoria de una lucha, cada fragmento preserva las huellas de una intención llevada hasta el final.
Aquí, la imagen no representa.
Aquí, la imagen actúa.