Existen toques que no hieren el cuerpo, sino la dirección del alma. En tiempos turbulentos, el mal rara vez entra por la fuerza, penetra lentamente, a través del cansancio de la conciencia y del olvido del sentido que mantiene al hombre cerca de la luz.
En esta tensión de la materia, el mundo parece atrapado entre la llamada y la caída, entre la verticalidad del espíritu y la tentación de un poder que consume todo lo que toca. Y la única forma real de salvación sigue siendo la lucidez del corazón, el lugar donde la verdad continúa ardiendo incluso cuando la época pierde su orientación.
La Tensión de la Materia