Bless Art

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Bendecir

Hay un momento en que la obra abandona la intención y reclama su dirección.
La estructura se separa del plano, el gesto se desprende del control, y la imagen comienza a existir por sí misma.
Ahí nace la pintura.
En la pura tensión, en la materia que demanda su forma, en el instante en que el artista se enfrenta a algo que ya no pertenece a la decisión, sino al devenir.
El impulso de ordenar se convierte en un límite, y la imagen exige riesgo.
La obra adquiere realidad en el punto de no retorno, donde cada intervención cambia la esencia y cada vacilación la intensifica.
La pintura se convierte en voluntad.
Una voluntad que modela, que demanda, que continúa más allá de quien la empezó.